miércoles 3 de diciembre de 2008

Divagación metafísica.

Últimamente me gusta pensar que todo, todo de todo, no es más que fractalidad: pura autosimilitud matemática infinita, simple y a la vez compleja, que escapa incluso a la limitada noción de perfección. El ser único, indeterminable; encerrado en su contorno intrincado e infinito; moldeado por una formula reiterativa de categorías; que contiene al tiempo, al espacio, a la materia, la energía y la conciencia; es dependiente del vacío en tanto que devenir. El fractal es como el fuego, en sí mismo devenir; o bien, el mundo platónico aquí y ahora.

0 comentarios: